13 de septiembre de 2012

Diario de Colorado: Drive all night

Please don't ask where we're goin'
I'm tryin' to race the light
And we can drive all night
We got what's left and we got what's right

(Elliott Murphy, Drive all night)


Después de pasar unos meses en Estados Unidos, entiendo mejor a Bruce Springsteen y la fascinación que los coches ejercen en sus personajes. El coche es el elemento esencial de la vida social en EEUU, sin él las pasas canutas para ir a comprar, para moverte en las ciudades, en las que el transporte público (salvo en las grandes) es más bien precario. Sospecho que Fort Collins no es muy diferente a la mayoría de ciudades pequeñas del país.

Puesto que las ciudades no suelen tener eso que los europeos llamamos centro, la mayoría de las tiendas se agolpan en los malls de las afueras. Aparcar es lo más fácil del mundo. Siempre hay un sitio esperándote a la puerta, para que comprar sea fácil, rápido y sencillo.

Un alto porcentaje de los coches son automáticos, así que la complicación mayor de la conducción, que es el uso del embrague y las marchas, desaparece (Que me lo digan a mí, que me está costando un mundo volver a usar mi coche sin que se me cale). Todo lo que hay que hacer es acelerar, frenar y dirigir. Posiblemente por eso, no sé si como causa o consecuencia, se puede conducir desde los 16 años.

No sé como será en otras partes del país, pero en el oeste se conduce bien. Llegas a la señal de stop y el que primero ha llegado pasa. Se pita poco o nada, la paciencia (o la condescendencia) abundan al volante. En la autopista nunca tendrás a un tipo pegado a tu coche azuzándote para que aceleres. En este sentido, conducir parece una actividad muy cooperativa.

Por supuesto, el coche es la única forma de moverse de un lado al otro del país. Un amigo nos decía que, aunque su padre estaba enfermo, estaba tranquilo porque su hermano vivía cerca, a sólo 4 horas de coche. En ese tiempo, uno recorre media España. Pero no es capaz de salir de Colorado. Después de ver sitios perdidos en medio de la nada, como Kayenta o Rock Springs, uno se imagina convertido en un personaje de Springsteen, soñando con un coche con el depósito lleno que le permita escapar de esos agujeros.

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12 de septiembre de 2012

Educating America 3: Graduaciones

Los europeos miramos con cierto desdén a los Estados Unidos porque apenas tienen historia que contar. Sin embargo, hemos de reconocer que son especialistas en crear y consolidar tradiciones y en jugar con los símbolos.


La graduación en el instituto es uno de los primeros ritos de paso en la vida de un joven. Una de las fotos que en algún momento se expondrán en las partes más públicas de la casa. Con la graduación, empieza la vida adulta: uno de va de casa y, si tienes el dinero necesario, empieza ese extraño paréntesis entre la vida infantil y la adultez que es aquí la experiencia del college.

He tenido la oportunidad de acudir al menos a 11 graduaciones, pero me contenté con ver una, la de Fossil Ridge, uno de los institutos del próspero y conservador sur de Fort Collins.  La graduación de cada año es también una forma en la que cada instituto visibiliza su identidad y sus logros. En el inmenso pabellón deportivo de la universidad, bastante lleno, la orquesta y el coro del instituto pusieron la banda sonora, junto con algunos grupos de estudiantes. Los discursos enfatizaron los logros de esta promoción no sólo a nivel académico, sino también en deportes, artes y participación comunitaria. Como contaré en otro post, aquí se espera que los estudiantes no se limiten a aprenderse las lecciones: hay que ser un hombre o una mujer un tanto renacentista, cultivar diversas facetas, hacer curriculum para tener algo que contar al rellenar la solicitud para la universidad.

Los americanos son expertos en conjugar lo ceremonioso con lo eficaz. Doscientos diplomas entregados, cada uno con su correspondiente foto, sus discursos, sus actos musicales, en apenas hora y media. Todo perfectamente orquestado. Filas levantándose y sentándose en perfecta coordinación, los miembros del Board dedicando 15 segundos a entregar a cada estudiante su diploma y posar para la cámara.

La presidenta de la asociación de alumnos dijo estar encantada de pertenecer a una promoción de chicos y chicas tan estudiosossss, tan exitososss y tan guaposssss. La directora celebró sonoramente a los cuatro estudiantes que, en lugar de ir a la universidad, irán a una academia militar. Sonaron el himno nacional y Pompa y circunstancia. No hubo salidas de tono, ruidos, sorpresas. Todo muy formal, muy contenido.  El día anterior, la graduación de Poudre Secondary School terminó entre petardos, confetti y globos, un pelín desmadrada. La graduación sirve también para que cada instituto reivindique su hecho diferencial.

Podeis ver todas las fotos de la graduación, cortesía de The Coloradoan y sus anunciantes, aquí


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15 de junio de 2012

Diario de Colorado: Alcoholizarse

Fort Collins es una ciudad de gran tradición cervecera. Cada día el diario local, el Coloradoan, parece tener una sección fija sobre breweries (cervecerías) Unas veces son noticias económicas, otras son eventos locales, fiestas, patrocinios, donaciones.... La cerveza está en todos los lados y está muy rica. Bendita sea.

Sin embargo, Estados Unidos es terriblemente moralista en su relación con el alcohol. Como ya he contado, eres mayor de edad a los 18, conduces con 16 pero no puedes beber hasta los 21. El alcohol está prohibido en el campus, sea en los bares y cafeterías, sea en los colegios mayores o en las fiestas. Pero no desesperes: las facultades están rodeadas de bares que sí venden alcohol. Uno se pregunta a qué viene esa mojigatería. Hace una semana entré con mi hija a comprar vino  a una licorería y fui reprendido por la cajera porque mi hija llevaba la botella en la mano: los menores ni siquiera pueden tocar el alcohol.

Si hay un acto social en el campus, olvídate de tomarte una cerveza. Limonada o agua, como en la barbacoa del pasado viernes. Y si a costa de la universidad invitas a cenar a un invitado (un conferenciante, por ejemplo), tienes que pedir una cuenta separada para la comida y otra para el alcohol: el vino, que en Europa consideramos una forma de relación sofisticada, digamos que un elemento que no puede faltar en una relación cordial, corre a cargo de los comensales. La universidad no paga alcohol, sea el que sea.

Esta demonización del alcohol tiene su correlato político, como cuenta Timothy Egan en el New York Times. Mitt Romney, el candidato republicano, presume de no haber bebido más que una cerveza en su vida. George Bush se tomó más de la cuenta hasta que cayó del caballo y renació. Lo primero que hizo Carter al llegar a la Casa Blanca fue deshacerse de las botellas. No son, precisamente, ejemplos de grandes presidencias. En contraste, Franklin D. Roosevelt gustaba del martini. Los cuatro presidentes inmortalizados en el Monte Rushmore tuvieron relación con el alcohol: Washington tenía su propia destilería, que fue uno de sus negocios más boyantes. Jefferson pasó media vida intentando sin éxito producir vino que imitase a sus amados caldos franceses. Teddy Roosevelt no era gran bebedor, tampoco Lincoln, pero este  tenía una licencia para vender alcohol. "El problema del  alcohol no viene de que sea una mala cosa -dijo- sino que es algo bueno  del que abusa la gente mala". 

En el fondo, la guerra contra el alcohol de los moralistas es una guerra contra su propia naturaleza, que entienden compartida por toda la humanidad: el hombre es malo, incapaz de contener sus apetitos. Hagamos leyes que nos protejan de nosotros mismos.





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12 de junio de 2012

Diario de Colorado: hacerse mayor


Con 18 años pueden irte de voluntario a Afganistan y disparar todo tipo de armas de fuego. Puedes apuntarte a la lista de los que vuelven a casa envueltos en una bandera y de los que vuelven por su propio pie pero con la cabeza en otro sitio por siempre jamás.


Si prefieres las maquinas de matar domésticas, con 16 años puedes conducir un coche, tras unas cuantas clases y con algunas limitaciones. Un 12% de los accidentes con muertes tienen a un adolescente entre sus protagonistas. Los adolescentes tienen 4 veces más posibilidades de matarse con el coche que el resto de los conductores (ver más estadísticas).

Con 18 años puedes votar a tu alcalde, a tu diputado, tu gobernador, tu sherif, tu juez y lo que puedas imaginar. Puedes incluso votar por un presidente estúpido, iletrado e ignorante, o votar como vicepresidenta a una señora cuya experiencia internacional, según ella, es que desde Alaska se ve Rusia (buena vista, será que por eso a esta gente se les llama halcones)

Con 18 años, como ya eres mayor de edad, puedes ser condenado a muerte. Y seguro que puedes presenciar ejecuciones en vivo y en directo.

Eso si, tendrás que esperar hasta los 21 años para poder comprar y beber alcohol. Es por tu bien, hombre, no vaya a ser que te pases y te haga daño, o hagas daño a alguien sin darte cuenta.

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11 de junio de 2012

Diario de Colorado: In food we trust

La moneda estadounidense ostenta la leyenda "In God we trust", pero podría ser sustituida por "In food we trust". Vayas por donde vayas encontrarás un sitio para comer. En las autopistas, las señales que indican las direcciones y las normas alternan con las que te explican en qué sitios puedes comer en la siguiente salida. A cualquier hora, es imposible estar en un lugar en el que no haya alguien comiendo (posiblemente también haya alguien trabajando, otro vicio muy americano).

Ir al supermercado es un deporte de riesgo. Primero, porque el precio del mismo producto fluctúa de forma escandalosa entre una tienda y otra, pero también entre el mismo establecimiento en dos fechas diferentes. Segundo, porque hay que mirar las etiquetas con extrema atención: la tendencia a cargar la comida de productos químicos es brutal.

Frente a la leyenda de que la comida es barata es EEUU, ir al supermercado es caro, tanto o más que en Madrid. En contraste, comer fuera de casa es barato. De nuevo, es deporte de riesgo, hay que afinar para saber en donde te metes. Las raciones son siempre pantagruélicas, sea en un restaurante, sea en la tienda. Bigger is better. En la biblioteca en la que trabajo, un café pequeño te da para entretener la mañana.

Todos hemos visto imágenes de los gordos americanos. La gordura es aquí un componente de la diferencia de clases. En la universidad verás algunos gordos gordísimos. En la piscina pública, en una ciudad llena de piscinas privadas en las comunidades de vecinos y las casas, verás una montaña de chavales que meten miedo, así como sus mamás. La comida saludable es cara; la que embrutece, barata. Super size me, I'm poor. And hungry.

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