18 de noviembre de 2015

Reflexionar, proponer, comunicar



Hace unos meses empecé a participar en la asamblea de AhoraMadrid Chamartín. Llegué despistado en pleno proceso de elección de vocales vecinos y un tanto frustrado porque tenía la sensación de que no había continuidad tras el aluvión de trabajo y entusiasmo que culminó en las municipales. Descubrí que no era así, que hay mucha gente trabajando en los ritmos lentos de las instituciones, pero de esa frustración aprendí una primera lección que orienta mi trabajo en AhoraMadrid Chamartín: una tarea inicial es dar a conocer a los vecinos del distrito quiénes somos, qué queremos, qué hacemos, y ponernos a su servicio para invitarles a participar y para canalizar sus propuestas.


Tras la agitación de la elección de los vocales vecinos, el primer Pleno de la Junta Municipal nos ha enseñado que la dinámica institucional tiene tiempos y modos que no van en paralelo a los de un movimientos asambleario como el nuestro. De repente nos hemos encontrado con la necesidad de articular propuestas concretísimas y de responder a las de los otros grupos políticos, y nos hemos dado cuenta de que para no errar el tiro se necesita un alto nivel de conocimiento del distrito y sus realidades y al tiempo la capacidad de captar las sutilezas y segundas lecturas de las propuesta políticas. Para los que no  estamos familiarizados con el funcionamiento de las instituciones, ha sido una lección. Las instituciones no se dejan tomar por las buenas, tienen una resistencia al cambio poderosa y sutil a la vez.

A la hora de presentar propuestas y empezar el trabajo de convertir la Junta en un instrumento de cambio, deberíamos tener claro el plan de acción, saber cuáles son las propuestas prioritarias, definir unas cuantas en cada una de las áreas de trabajo, combinar las cuestiones más abstractas con otras que entren al detalle, y hacerlo de modo que sean factibles y no meras declaraciones retóricas. El reto es preparar esto, además, desde una asamblea y en colaboración con las organizaciones del distrito.



Me parece que urge definir el programa de AhoraMadrid Chamartín para estos cuatro años. No podemos presentar una vez al mes una batería de propuestas desconectadas y sin continuidad. Si no tenemos un programa, estamos condenados a funcionar a base de ocurrencias. No tendremos argumentos para decidir si apoyamos o rechazamos las propuestas de los otros grupos políticos. No tendremos mapa ni ruta y nos dedicaremos a dar vueltas para volver al mismo lado. Y cuando acaben los cuatro años nos daremos cuenta de que estamos exhaustos, de que el trabajo no ha servido para lograr los objetivos.
Hacer un programa político no es fácil. Pero Ahora Madrid tiene uno y es el programa que los vecinos de Madrid construyeron colectivamente y votaron masivamente. Se trata de ver cuáles de los puntos del programa tienen una dimensión distrital y qué iniciativas se pueden llevar a cabo, de manera concreta, en nuestros barrios para lograrlo. Y a partir de ahí ya podremos definir prioridades y organizar tiempos y tareas.

Seguro que hay herramientas informáticas que permiten trabajar el documento. Pero también hay dinámicas que permiten organizar ideas desde una asamblea. Y no podemos olvidar que este programa tiene que salir de los vecinos, no solo de los que participan en la asamblea. Habrá que decidir de qué manera se hace. Pero hay que poner manos a la obra y ponerse un plazo. Porque el tiempo vuela, el trabajo cansa y la oportunidad es un tren que hace pocas paradas. Y esta es nuestra parada y nos toca conducir este tren. Pero no sólo necesitamos fogoneros, también un mapa que guie el viaje.

27 de octubre de 2015

Del periodismo al famoseo



Me quejo repetidamente del bajo nivel de muchos de mis alumnos en la facultad de Periodismo. Son tantos que eclipsan el brillo de los buenos alumnos (de las buenas alumnas, siendo preciso). ¿Por qué está esta gente en la facultad? Escriben mal, hablan torpemente, leen lo mínimo, no se cultivan, no ven mundo, no tienen espíritu crítico ni opinión propia. 

Estos alumnos (son muchos, pero no la mayoría) no quieren ser periodistas. Quieren salir en la tele y ser famosos. Frente a ellos se despliega un modelo perverso: Sara Carbonero se convierte definitivamente en icono mediático cuando se casa con Casillas; Cristina Pedroche se pasea por los fotocalls de la mano de su pareja el chef de Diverxxo; Lara Álvarez airea en redes sociales su relación con Fernando Alonso. 

Diréis que esta es una postura machista. No lo creo, pero sí defiendo que el machismo está en el origen del asunto. Cuando uno de los valores, probablemente no el menor, a la hora de contratar a alguien es su belleza, estamos en territorio de la discriminación de las mujeres, como denunció recientemente Rosa María Calaf en las jornadas Periodismo, mujer y comunicación.  

Se supone que los periodistas somos gente invisible, que es precisamente nuestra discreción y moderado anonimato lo que nos coloca en situación de ser testigos de hechos que terminan llegando a las audiencias. Pero ahora el periodismo, cierto periodismo, es sólo un trampolín hacia la celebridad. Los que debían estar entre bastidores están bajo los focos. 

Los medios y las cadenas están encantadas. Ya no contratas a una trabajadora, contratas a un icono, un modelo a imitar. Una prescriptora de moda y de estilo. Cuando la contratas te haces con sus seguidores en redes sociales y los sumas a los de tu cadena. El prestigio periodístico y profesional va por un lado, la fama va por otro. Y la fama parece tener más valor en la cuenta de resultados de nuestros muy financierizados medios. La tesis de Elena García Herrera, en curso, se me antoja más importante cada vez que pienso un poco sobre esto.  

25 de octubre de 2015

Gila en el vicerrectorado



Las cadenas de  correos electrónicos, las angustias compartidas, las múltiples muestras de apoyo, las llamadas telefónicas a deshoras  y los whatsapp desquiciados del jueves anterior al inicio del curso en la Universidad Complutense solo se pueden entender si aceptamos que por una horas el humorista Gila volvió a la vida y se hizo con el control de vicerrectorado de profesorado. ¿Está la vicerrectora? Que se ponga.


El miércoles 30 de septiembre se celebró una asamblea de la plataforma de profesores no permanentes de la Complutense. Allí se denunció que los titulares interinos cuyas plazas estaban en proceso de reconversión se iban al paro hasta que se resolvieran los concursos, en lugar de ser contratados como profesores visitantes, la figura usada habitualmente para cubrir estos lapsos de tiempo entre contratos de diferente tipo.

A las 10:30 de la mañana del jueves llegaba un correo con el acta de la asamblea. Como mi contrato de profesor ayudante doctor también estaba para terminar y el concurso de Contratado Doctor (interino) aún no ha sido publicado, me empiezo a inquietar. ¿Esa es la política de la UCM para todas las situaciones? ¿Y yo tan "tranquilo" pensando que la conversión a visitante era automática? Llamo a personal de mi facultad. No saben nada, siempre se avisa unos días antes para pasar a firmar y el cambio a visitante es automático. Pregunta a fulano en rectorado cuando os van a llamar. Fulano no puede atenderme, pero su compañera, tras consultarle, me dice que no sabe nada, que (palabras literales) “están esperando a que alguien diga algo”. ¿Y me voy el lunes a dar clase sin contrato? ¿Sabes que es ilegal e inmoral, no? No, si yo te entiendo, pero.... En ese momento me di cuenta de que mi teléfono estaba intervenido y manipulado por Gila.

Mando un mensaje a la lista de PNP. No soy en único AD es esta situación. Que nos vamos todos al paro y aquí nadie mueve un dedo. Nosotros al paro y los alumnos a la mierda, el curso empieza el lunes y se nos espera en las aulas. Llamo a mi directora de departamento. A ella siempre le han dicho que todo va a ser automático. Mi cabreo crece más o menos a la misma velocidad que mi pánico, escribo.

Es un momento ideal para meterte en el coche con tres niños y 600 km por delante. Tienes todo el tiempo del mundo para morirte de miedo, maldecir, pensar en que tenías que haber hecho las cosas de otra forma, urdir un plan B para ganarte las castañas.  Paro a comer. Los mensajes no dejan de llegar. Hay convocada una Junta de Personal para el lunes con este único tema en el orden del día. Muchos otros cuentan más o menos lo que yo. Que dice la vicerrectora que de hacer visitantes a los interinos, nada, que ya avisó a los departamentos.

Una compañera comunica que se la acaba de convocar a una reunión con la vicerrectora esa misma tarde para ponerla al tanto de su situación laboral. Miro mi correo y no hay nada. Llega un whatapp de un compañero de departamento: “felicidades que ya firmas”. ¿Pero tú no has visto la que hay liada a través de la lista de correo? Sí, pero me ha dicho la vicedecana que habló hoy con personal de la facultad y que ya te van a llamar. Vaya, con esos también hable yo y no sabían nada. Y ahora ya no hay nadie en la oficina. Jesús dice que su decano le ha dicho que le han dicho que no hay problema, que se renuevan automáticamente las plazas. Llama la vicedecana, que sí, que ya nos llaman a firmar a todos. Y si el lunes no te han llamado, habla con la decana.

A punto de cortarme las venas y mientras arranco el coche de nuevo, llamada de Roxana. Ha hablado con personal y ha preguntado expresamente por nuestros dos contratos. Los están redactando, si no es el viernes os pasáis el lunes a firmar. Parece que “alguien ha dicho algo”. Ya en destino, recibo un mensaje con un resumen de la reunión de los interinos, los únicos convocados, con la vicerrectora. Todos visitantes hasta que por fin terminen los procesos de los concursos. Es posible que la presencia de los presidentes de las Juntas de personal haya ayudado un poco a encontrar tan rápido una solución que esa mañana parecía improbable.

Todos respiramos y hasta dormimos a pierna suelta. Pero de esta irrupción del surrealismo (en su vertiente más inquietante) en nuestras vidas laborales y en la política de profesorado de la Complutense deberíamos aprender algunas lecciones.

1.    Hay gente que tiene la vida resuelta que toma decisiones sobre la vida de mucha gente que la tiene en el alambre, y parecen no darse cuenta de que lo que para ellos son meras decisiones burocráticas o académicas están amargando la existencia de muchos y creando un clima laboral nauseabundo.
2.    Algo pasa en el Rectorado cunado los vicerrectores termina por interiorizar los objetivos gerenciales de cuadrar presupuestos y los anteponen a los suyos propios. En este caso, parece que la jugada pasaba por ir ahorrando un mes aquí y otro allí en salarios sin atender a que eso implica menos profesores, clases desatendidas y empeoramiento de la calidad educativa, que se supone es el objetivo del vicerrectorado de profesorado.
3.    Los procedimientos administrativos de esta universidad son lentos e ineficaces. Plazas solicitadas hace meses y con toda la documentación en regla no se han convocado aun. Tras meses con todo listo, un día te llaman porque necesitan que adjuntes un papel en un par de horas porque hay que subir la documentación a la comisión académica. ¿Nuestros muy poblados servicios centrales no son capaces de hacer su trabajo? “Alguien tiene que decir algo” refleja la ineficacia y la escasa transparencia de los procedimientos. Como decía un compañero una vez solucionado el embrollo, empiezan a ser evidentes las responsabilidades y distracciones
4.    Las cosas solo se soluciona por medio de la acción colectiva y metiendo mucho ruido. Cuando todos los implicados comienzan a llamar, y se suman decanos, directores de departamento y representantes electos, el famoso “alguien” se pone a hacer “algo”.
5.    El apoyo de los compañeros cuando cuentas tus problemas y tus temores no los arregla, pero te da un plus de energía para encararlos. Gracias a todos los que manifestaron su apoyo y sobre todo a los que se pusieron a llamar a los que tienen capacidad de decisión e influencia. Entre ellos, nuestros representantes a nivel sindical, que han dado el do de pecho.
6.    No se puede levantar el pie del acelerador. En cuando te confías y crees que todo está en marcha, ya la has liado. Hay que estar, en lo personal y en lo colectivo, aventando el horizonte como águilas en busca de la presa. La burocracia no entiende de compromisos y la política académica los hace papel mojado cuando colisionan con otros.

23 de octubre de 2015

JULIET AND THE RAGING ROMEOS - Good girl






A la vieja usanza. Llega el cartero con un paquete. Pesa. Lo abres con emoción: un single, de vinilo bien gordo. Solo una nota: te mando nuestro disco. Montas el plato. Empieza la acción.

Arranca una batería pesada y un riff de guitarra poderoso, con dos guitarras. Suena a Detroit, a Escandinavia, a los MC5, a Nuggets. Esencia de rock and roll. Pero algo no cuadra  ¿Esa voz? Esperabas a un tipo cazallero, sudoroso, con la voz abotargada por la cerveza y la lujuria o la ira. Pero aparece una voz femenina impulsada por un par de buenos pulmones, mucha actitud y un toque de eco que nos lleva a Blondie y a la new wave. Las guitarras se frenan en un stacatto que aguanta la tensión hasta que llega el estribillo y todo salta por los aires. La canción va a todo pulmón y a todo sudor, solo se permiten unos segundos de reposo en un puente que prepara el estallido final, guitarras que suenan como cristal roto antes de que la voz nos evoque ese rincón perverso que todos tenemos y las guitarras se apresten a demoler los muros que lo protegen. 

La cara B es más new wave, el estribillo se pega como una camisa en día de calor, con un aire freudiano en la letra. De nuevo guitarras organizadas en torno a riffs llenos de energía y la voz que sobrevuela la canción y parece llegar de una lejanía misteriosa.

Energía desbocada, un toque sensual punteado de amargura existencial. Una fiesta por motivos equivocados: superficie obvia, rincones perversos. Chicas buenas, diosas del amor y la muerte. Mitos clásicos y tradición rockera. Juliet and the raging Romeos nos recuerdan que lo más moderno es beber de los clásicos y pasarlos por una actitud contemporánea.


JULIET AND THE RAGING ROMEOS

Good girl (single, 2015)

www.reverbnation.com/theragingromeos
https://soundcloud.com/theragingromeos


22 de septiembre de 2015

La tesis doctoral como trinchera





Siempre empiezo mis intervenciones en los tribunales de tesis agradeciendo la invitación. No es un mero formalismo, lo hago de corazón, porque es una parte del trabajo académico que me gusta mucho. Me alegra estar en el tribunal de tesis porque siempre es una buena ocasión para aprender algo nuevo, para ponerse al día, para por fin leer un texto académico de principio a fin. Imagínate leer una novela a trozos porque necesitas terminarla a tiempo; quizás no hay que imaginar tanto, así leímos muchos libros para exámenes en el instituto o la universidad) Los académicos leemos de forma fragmentaria e interesada, un trozo aquí y otro allá en busca de una pista, una cita o una idea para cuadrar algo que estamos escribiendo o para una clase. Así que estar en un tribunal de tesis es una oportunidad para leer algo de cabo a rabo, y normalmente algo que te interesa, porque de momento sospecho que soy un pez pequeño al que solo llaman cuando de verdad tengo algo que aportar y este algo no es mi prestigio, mi CV o mis contactos.  Tengo tantos libros interesantes comprados y sin abrir jamás, esperando a que tenga tiempo, que saber que para el día x hay que leerse las 500 páginas es la única manera de recordar que los textos académicos son largos, complicados y requieren de un tiempo para su digestión y asimilación.

Me gusta además porque una tesis tiende a sacarte de tu universidad o de tu departamento y ver un poco de mundo. El doctorado es uno de los últimos reductos de la vocación cosmopolita de la universidad; poder estar un día en Deusto es una oportunidad para avanzar en el conocimiento de la universitas, de ese mundo que esta ahí fuera, como la verdad para el agente Mulder

Las tesis doctorales se han convertido en el último reducto de la vida académica que da espacio a la reflexión intelectual. Un grupo de investigadores reunidos en torno a un texto sin más interés que la discusión, el debate, el planteamiento y el rebatimiento de nuevas ideas, las conversaciones sobre métodos, teorías y resultados y objetivos de la ciencia. Ahogados entre evaluaciones extenuantes, burocracias asfixiantes y un ritmo de producción de artículos agotadora, las tesis son un oasis de tranquilidad en el que las ideas y los argumentos aún son centrales.

Los tribunales son cada vez menos numerosos. Universidades como la Complutense han limitado el número de miembros del tribunal de fuera de Madrid para ahorrar, de modo que a menudo el tribunal no tiene a los mejores evaluadores posibles entre sus miembros, sino a los más disponibles. Pero aun así las tesis doctorales son por antonomasia el lugar de la práctica académica. El lugar de las ideas, las discusiones, la racionalidad entre iguales, el conocimiento nuevo, la pasión por la investigación y la apertura de nuestro pequeño mundillo a un nuevo miembro que ha demostrado sus mañas.