9 de septiembre de 2008

Galeotes mochileros y editores lucrados


Empieza el curso escolar, la época dorada de las editoriales académicas. Acabo de palmar 100 euros en comprar libros ¡¡para una niña de 3 años!! El lunes que viene las calles se llenarán a primera hora de madres –sobre todo- estresadas intentando que caminen niños que cargan inmensas mochilas.

Parece mentira que el libro de texto siga siendo el material básico de aprendizaje a estas alturas. No es muy diferente de las cartillas escolares de nuestros padres, eso si, con más colores y más cambiante de año en año. Cada vez que veo como los niños y niñas machacan desde bien pequeños sus espaldas cargando de casa al cole y viceversa me pregunto si no habrá otra forma mejor de crear material escolar. No estoy hablando de pasarlo todo al ordenador, es más sencillo. ¿Por qué el Estado no crea un inmenso repositorio digital de material didáctico, de imágenes, de videos, de textos y ejercicios? El profesor podría crear su propio libro de texto, imprimir el material para cada clase y ahorraríamos esos paseos de galeotes por la calle.

Eso exigiría que los profesores preparen por si mismos las clases en vez de ir a mesa puesta con el libro de texto. Ya venteo las protestas gremiales. Y claro, acabaría con uno de los negocios más lucrativos del mundo del libro. Supone la intervención del Estado en el mercado. Y cerrarán empresas y se perderán puestos de trabajo. Un argumento excelente que deberíamos emplear también a la hora de perseguir el tráfico de drogas, por ejemplo. Al final, los intereses de unos cuantos empresarios enmascarados de amantes de la cultura agujerean nuestros bolsillos, rompen las espaldas de nuestros hijos y nos obligan a dar una formación encorsetada y falta de dinamismo.

1 comentario:

uberum dijo...

Aun es mas.. ¿ por que los libros de texto de asignaturas como matematicas han estado cambiando casi cada año ? ¿ Que pasa, que las matematicas que hoy estudia un chaval son distintas de las que se estudiaban hace 20 años ?

Obviamente es un negocio absurdo.