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11 de marzo de 2015

La cultura invisible es la cultura viva




En una reciente reunión de una comisión de expertos en cultura, todos progresistas, la mayoría rondando los 60 años, se escuchó repetidamente el mismo lamento: la cultura está mal. Y no se referían simplemente a sus malas condiciones materiales (subida del IVA, escasa facturación) sino, sobre todo, a que “no está pasando nada en el mundo de la creación”. Pocos días después, Pablo Gil publicaba un artículo en El Mundo en el que analizaba la efervescencia de los grupos de música underground en Madrid: muchas bandas, nuevas discográficas, público creciente… pero escasa atención mediática e institucional. Cuando en la referida reunión algunos planteamos la existencia de este underground y la necesidad de hacerle hueco en nuestros informes, el muy maduro director nos dejó claro que “nosotros nos estamos para hablar de estas cosas”.
 
En resumen, existe una cultura dinámica, independiente, ligada a los barrios, impulsada por gente entusiasta que ha dejado de lado los lamentos para ponerse a trabajar, pero demasiada gente no lo sabe y otra no quiere saberlo. En las jornadas Conectando escenas, organizadas por el departamento de Musicología de la Complutense el 5 de marzo, discutimos este problema entre el sociólogo Fernán del Val, el gestor cultural Rubén Caravaca y yo mismo. Empezamos analizando qué pasa en la música de Madrid y terminamos diseñando un programa político que revierta la situación. ¡En solo una hora! La buena noticia es que nuestro programa no inventa nada: ya está en marcha de la mano de las iniciativas municipalistas que en menos de tres meses aspiran a cambiar la situación de arriba abajo.

Ya lo denunció Víctor Lenore en su agitador panfleto Indies, hípsters ygafapastas (Capitán Swing, 2014) los medios de comunicación ignoran la realidad de la cultura porque es demasiado real, porque no se ajusta a su visión programática de lo que el mundo debería ser. Camela o Juan Magán pueden llenar pabellones y vender miles de discos, pero no interesa mostrar esa realidad. La cultura no es eso, la cultura son los libros que reseñan los suplementos culturales, los autores entrevistados, los eventos de resonancia mediática. Producción cultural generada en un viejo paradigma, generado en un marco social masculino y vertical (que casualidad, no había mujeres en la comisión de estudios). Las iniciativas surgidas en un marco novedoso, impregnado de valores femeninos como la colaboración y la horizontalidad, se perciben como un desafío a las viejas jerarquías. Los medios se esfuerzan en negar la emergencia de toda fuerza que discuta su hegemonía.

¿Qué esperar de las instituciones? Bien poco en una ciudad como Madrid  que lanzó a bombo y platillo un Plan de Cultura que se iba a discutir de formaabierta y del que nunca más se supo. Una ciudad traumatizada por la connivencia entre las malas prácticas de gestión y la actividad criminal que tuvo como consecuencia las dolorosas muertes de inocentes en el Madrid Arena. Una ciudad en la que la cultura sirve sólo para atraer turistas pero no para vertebrar barrios. Una ciudad, en suma, en la que las innumerables equipaciones culturales están infrautilizadas o entregadas a los intereses de empresas privadas, en la que las programaciones se hacen sin tener en cuenta las necesidades, deseos y aspiraciones de la ciudadanía y en la que se ignora el conocimiento y capacidad de cientos de organizaciones que podrían estar vertebrando actividades culturales de proximidad.  Si las instituciones ignoran a la cultura, la cultura ha ignorado a las instituciones, ha sorteado las restricciones legales y ha desafiado los límites para crea nuevos espacios y actividades. Madrid se mueve aunque sus instituciones estén fosilizadas.

Los viejos tiempos no van a volver. La época en la que un músico exitoso se ganaba la vida gracias a un extenuante verano de galas bien pagadas es un vestigio de otros tiempos. Lo que necesitan un música es la posibilidad, espacios y garantías para trabajar: los Stranglers presumían de trabajar 210 días al año, tocando en cualquier sitio, un día un estadio, mañana un pub. A la espera de que un cambio político sea capaz de crea un nuevo marco normativo que dé respuestas a las peculiaridades de este mundo (como la falta de productividad ligado a los momentos de creación de un disco o una novela), toca buscarse la vida. La banda de Aranjuez Rufus T.Firefly llenaba la Sala Caracol tras autopublicar su disco y gestionar por si mismos los conciertos y su comunicación. Freedonia es capaz de colocar una canción autoproducida en un anuncio de El Corte Inglés, ganando de paso acceso a sus vitrinas (y generando un interesante problema de gestión de derechos, ya que SGAE recauda de esos anuncios aunque haya una licencia Creative Commons). Como han hecho ellos, necesitamos buscar nuevos modelos de producción, gestión y comunicación de la música; Latinoamérica puede ser una gran escuela. Se trata, en resumen, de generar nuevas formas de trabajar desde el mundo de la música que permitan que la vitalidad real de la cultura llegue a toda la ciudadanía e inunde las calles de la ciudad.

25 de febrero de 2015

Ante las elecciones, desde mi cole





En un par de meses se celebrarán elecciones municipales y autonómicas. Puesto que alcaldes y consejeros son los que deciden buena parte de los asuntos que construyen el día a día del colegio que tanto marca nuestro ritmo de vida familiar, me gustaría lanzar unas cuantas ideas de cara a los programas electorales que ahora se están elaborando.





1. Dejémonos de historias: lo fundamental de los colegios son los profesores. Necesitamos profesores ilusionados con su trabajo, con vocación, con buenas condiciones de trabajo. Necesitamos que se acabe con las interinidades y con el continuo aumento del número de alumnos por aula. Quiero que los profesores puedan acompañar a nuestros hijos a lo largo del ciclo, que los vean mejorar, tener bajones, y que sean capaces de animarlos y reconocer los diferentes ritmos de cada niño. Necesitamos tener profesores de apoyo, porque no es posible mantener la intensidad dando clase durante horas a un grupo de 25 niños de cuatro años, como hace la profesora de mi hijo pequeño.


2. Un colegio no es una fábrica: no produce material en serie. Cada niño tiene sus ritmos, sus preferencias, sus fortalezas y sus puntos flacos. Hay niños que necesitan de más apoyo, otros necesitan que se les deje volar solos. Necesitamos recursos para atender a la diversidad, a los que les cuesta, a los que van sobrados, a los que tienen problemas. Dejémonos de notas, de comparativas, de exámenes globales que alfinal no tienen nada que ver con el programa (como el dichoso Trinity). Todos, sea cual sea nuestra postura política, estamos de acuerdo en que lo fundamental, a día de hoy, es enseñar a aprender, porque vamos a pasar toda nuestra vida formándonos. Eduquemos en el amor por el conocimiento, el aprendizaje, la reflexión, la discusión y la ciencia.


3. El colegio somos todos. El colegio es de todos. Los profesores, los alumnos, los padres, el personal, las instituciones…. Todos tenemos responsabilidades en el día a día del colegio. Cuanto más nos involucremos todos, mejor será la calidad de la educación. Todos tenemos obligaciones. Todos deberíamos tener derecho a usar el colegio, porque es una instalación pública que podría ser muy útil pero que permanece cerrada de 5 de la tarde a 8 de la mañana, y también los fines de semana. Hagamos colegios con patios abiertos, con bibliotecas abiertas al barrio, con salones de actos llenos de asambleas, reuniones y talleres. Democraticemos la gestión: si el colegio no es del director, no tiene sentido que una sola persona dedica sobre su uso.


4. Dialoguemos. Hablemos, compartamos ideas y puntos de vista. Si algo he aprendido de estos años de crisis, burbujas y abusos es que no quiero dejar la gestión de las cosas que me importan en manos de especialistas que decidan por mi. No quiero que mi ciudad la hagan los urbanistas, no quiero que el uso de mi dinero la decidan los economistas. Quiero poder exponer mis opciones y razones, decidir juntos y que entonces los especialistas decidan cual es el mejor camino para implementar lo que todos hemos decidido.  No quiero que la educación, en base a un conocimiento especializado, la decidan sólo los profesionales de la educación. Ellos conocen las herramientas, conocen los ritmos de los niños, conocen las técnicas y son capaces de anticipar los problemas, pero los objetivos, las ambiciones, los fines, deben nacer del consenso, la controversia constructiva y el diálogo



5. Déjenos crecer a los niños. Dejemos de meterles presión para ser los mejores, los más bilingües, los que sacan la nota más alta. No les obliguemos a crecer más rápido. Enseñémosles a comunicarse con los demás, a expresar y defender sus puntos de vista, a tener ideas propias, a proponer iniciativas aunque suenen descabelladas. A hablar en público, a investigar, a probar cosas nuevas. A crear, a expresar sus emociones, a sentirse seguros. A aprender que en una sociedad democrática el fuerte protege al débil y que todos nos necesitamos. Dejémosles dormir las horas que necesitan,  ver como anochece en el parque o en la calle sin preocuparse de si hay o no deberes. Dejémosles equivocarse. Hagamos una política educativa que premie la creatividad y que proteja a los más débiles.


 

19 de abril de 2012

Educating America 2: cuestionar y actuar


Cuando hace siglos los americanos decidieron que estaban hartos de los ingleses, no se anduvieron por las ramas. La liaron. Esa sigue siendo la tradición política aquí, también en el mundo de la educación. Si tocan algo que te afecta, te movilizas para poner las cosas en su sitio.

Hace una semana tuve la ocasión de ver esta actitud en acción en Lincoln Middle School. Los chavales de esta escuela (de entre 12 y 14 años) estaban indignados por que el Board of Education ha cortado un programa de cooperación que tenían con un orfanato en Nicaragua: durante los últimos 3 años, un grupo de chicos y chicas del instituto se han ido a pasar el verano haciendo trabajo comunitario. Muchos de estos chavales son gente de posición humilde: el colegio pasa todo el año recogiendo fondos para que todo el que quiera pueda ir. El problema es que los abogados del distrito entienden que Nicaragua no es un país seguro a raíz de la evolución política. Puesto que esta era una actividad del Distrito (lo que básicamente significaba que los seguros del viaje corren a su cuenta), se les pedía que simplemente escogiesen otro sitio.

No sé como se resolvería una situación similar en España. Aquí, lo que vi fue una escuela entera movilizada. Invitaron a todos los miembros de Board a una sesión pública para convencerlos de que el programa debería seguir, con la misma escuela de Nicaragua. Durante dos horas, más de 20 personas hablaron: la coordinadora del viaje, alumnos que habían estado allí, alumnos que estaban preparándose para ir. Invitaron a ex-alumnos que ahora están en el instituto. También hablaron los padres, profesores y el director. Algunos alumnos enseñaron las fotos de su viaje. Otros montaron una conversación bilingüe español-inglés. Varias chicas se emocionaron y lloraron al salir a contar su experiencia, pero terminaron su intervención. Todo el mundo daba la sensación de llevar toda la vida hablando en público. Cuando los miembros de Board hicieron sus comentarios (sobre una decisión que ni siquiera habían tomado ellos sino el aparato burocrático) se levantaron una docena de manos de alumnos para darles respuesta.

Lincoln es una escuela que ha pasado por malos momentos y que ahora pelea por volver a estar en el grupo de los mejores. Además de la lucha por el viaje, había también un tanto de reivindicación de su especificidad y de la calidad de su proyecto educativo. Los chavales ya saben lo que es luchar por tus intereses y por tus ideales. Se explica, se pregunta, se discute. Si no se logra a la primera, se vuelve a la carga. Seguro que algún miembro de la comunidad educativa de Lincoln pide la palabra en las próximas reuniones del Board of Education. Ya están buscando un seguro alternativo que les permita salir de las restricciones burocráticas del distrito. Puede que vuelvan a Nicaragua o que no lo hagan: pero ya saben lo que significa pelear por lo que crees que es justo en una democracia.

PD: La página de presentación de Lincoln acaba con el lema We Question, Learn, Think, Care and Act!


15 de abril de 2012

Educating America 1

James Collins Ross es profesor en la universidad de North Colorado. Es también padre de dos hijos, una chica de 15 años que acaba de empezar su instituto y un bigardo de 13 que acaba este año la primaria. James Ross es además una de las personas más poderosas en el mundo de la educación de Forth Collins, la ciudad en la que él vive y en la que yo estoy pasando unos meses, alojado en su casa.

Hace un par de años, Collins decidió presentarse a las elecciones para el Board of Education del distrito de Poudre. Podía hacerlo como cualquier ciudadano que viva en el distrito, que abarca varias localidades, siendo Fort Collins, con sus 150.000 habitantes, la principal. Ahora, junto con otras seis personas, es la máxima autoridad educativa del distrito. Por encima de ellos, sólo se encuentran las leyes del Estado de Colorado. El Board of Education, es decir, los representantes directos de los ciudadanos, decide si es necesario contratar profesores, construir o cerrar colegios, adaptar el curriculum...

¿En función de qué criterios? Claro, por una parte están las leyes del Estado, que especifican, precisamente, que la autoridad educativa son los Board of Education y que unifican algunos asuntos. Pero, sobre todo, buena parte de las decisiones se toman en función de las demandas ciudadanas. Cada pocos días, algún miembro de Board visita un colegio, habla con profesores y alumnos, charla con los padres. Estos les transmiten sus demandas y preocupaciones. Además, las reuniones de Board son públicas y los ciudadanos tienen un espacio reservado para hablar en ellas. Cualquiera que levante la mano puede hacerlo.

Aprovecho estos meses en Fort Collins para aprender sobre la participación de la comunidad en el diseño de la educación de los niños. Me interesa como padre y me interesa aún más como miembro de Consejo Escolar de un centro público. Me he convertido en la sombra de Collins, lo acompaño en sus reuniones formales, en los actos a los que es invitado. Hablo con la gente, tomo notas, leo los documentos. A partir de ahora, os lo cuento en esta serie de post que he llamado Educating America.